viernes, 6 de mayo de 2011

Crónica del Encuentro de Amigos del Foro Royal Enfield en Sevilla.




Prólogo.

Ya desde bastantes días antes del encuentro nos temíamos que la madre naturaleza no iba a ser compasiva con nosotros. Y lo que nos preocupaba era lo que vino a suceder; que el número de asistentes se vio muy reducido, sobre todo entre los que tenían previsto venir desde más lejos.

A pesar de nuestros esfuerzos para mantener la calma, los ánimos no estaban precisamente en lo más alto, y las dudas sobre cómo se iba desarrollar el programa del fin de semana no dejaban de planear sobre nuestras cabezas. Sabíamos que no iba a ser fácil y que la lluvia querría tener la última palabra, pero no estábamos dispuestos a permitírselo.

La lluvia tampoco es buena aliada de las cámaras digitales, por lo que las fotos en ruta tampoco son muy numerosas, aunque haberlas haylas y las escogeré de entre todos los que estuvimos allí.

En lo personal este ha sido un fin de semana muy especial, y he tenido el gustazo de repartirme entre buenos amigos y un nuevo miembro en mi familia, mi primer sobrino, Adrián. Cansado, eso sí, he terminado muy cansado. Pero también he echado de menos a alguna gente con la que nos hubiese gustado compartir todo esto.

Tampoco será esta la crónica de un largo viaje, porque ser anfitriones tiene la pequeña desventaja de que no te vas allá donde te convoquen subido en tu moto, pero tiene su encanto, y vamos a ver si soy capaz de transmitíroslo.


De los largos kilómetros recorridos desde otros lugares nos contarán, espero, los valientes de allende Despeñaperros o la vega del bajo Guadalquivir.

La Crónica.

El caso es que el día 29 de abril, que ya nos trajo las primeras lluvias, esperábamos a no mucha gente, pero les esperábamos impacientes. El primero en llegar fue el que venía de más lejos, Adrián, que lo hizo a las 10:20 de la mañana directamente desde París. De modo que no pude evitar pasar todo el día con él, hasta que los visitantes de Castellón, Madrid y Cádiz llegaron a nuestra ciudad ya entradas la tarde y la noche.

Menaza y Jónico recién llegados.

Dejamos sus motos bien cobijadas en Al Andalus Chopper y nos vamos a cenar a El Tivoli después de las primeras cervezas en el bar del hostal donde se alojarían nuestros invitados.




Y mientras los viajeros reponían fuerzas... el agua seguía cayendo en el exterior cada vez con más fuerza. Entre tapa y tapa unos consultaban las predicciones meteorológicas en sus dispositivos de telefonía móvil y otros improvisaban extraños oráculos en los que volcar las esperanzas de mejoría del tiempo. La cosa apuntaba a tonos grises oscuros.

Doc mirando optimista por la ventana cómo caía la lluvia

No prolongamos mucho la velada porque teníamos previsto vernos a las diez de la mañana del día siguiente para hacer la ruta, que en función de cómo amaneciese, se elegiría de entre las previstas.

Todos nos levantamos temprano el sábado. Para mi sorpresa no estaba lloviendo cuando me asomé por el balcón, de modo que lo preparé todo, hice un paquete con el equipo de agua y me fui pronto a por la moto. El sol asomaba cuando entré en la guarida de Parsi, pero cuando iba a salir de allí con ella me encontré con el primer aguacero del día.


Espero hasta que escampe un poco, pero cada vez llueve con más intensidad. Me temo que no habrá ruta hoy, de modo que llamo a Doc y espero una decisión de los que ya habían llegado a la cita. A eso de las 11 no hay nada claro, pero ya hay un par de motos de camino al punto de encuentro. Me pongo el equipo de agua y me pongo a bucear. Pero no hago ni cinco kilómetros y me parece una insensatez salir con las motos cuando por momentos no se ve a diez metros por delante de mis narices, de modo que me vuelvo a casa y cambio la moto por el coche, aunque me insisten desde el hotel en que allí no llueve tanto, me cuesta creerlo. Cuando llego con mi coche me encuentro a Robi y a David con sus motos bajo el agua y al resto de la gente bien a cubierto con las motos guardadas.


Tras alguna indecisión y sin que falte la discusión decidimos que ya que vamos a mojarnos lo haremos de verdad, a lo grande, y decidimos ir a Grazalema. Cambio el coche por la moto y cuando llego absolutamente pertrechado para lidiar con el agua tenemos que seguir esperando preparativos y a gente que está por llegar. El tiempo pasa y cambiamos de planes tras un importante retraso y alguna que otra tensión. Finalmente iremos a comer a Cala y pasaremos por Zufre en una ruta parecida a la preparatoria que ya hicimos Robi y yo en su día. Los que no se sentían seguros de rodar bajo tanta lluvia decidieron ir en los coches demostrando que todavía queda gente sensata en este mundo.


Total: ocho motos y tres coches bajo un manto de agüita güena.


Pero en a penas 35 kilómetros tenemos el primer contratiempo y el grupo se divide. Un espejo de la moto de Chapi se afloja y los primeros del grupo tenemos que esperar un rato.





En esa espera vemos que un intermitente de Menaza está colgando, de modo que planeamos una nueva parada para la reparación de emergencia en un lugar más seguro.[/size]

Menaza reparando su intermitente.



Un tonto luciendo modelito.




Lo curioso de todo esto es que bastaba con parar para que la lluvia dejase de caer. Y claro, si no llovía, con toda esa ropa, no tenía gracia ir en moto, de modo que esperamos a que empiece a llover y al lío de nuevo.

Ahora empieza lo bueno y las curvas comienzan a ser algo más serias, pero elegimos carreteras lentas y vamos cogiendo confianza y buen ritmo. No parecía que nadie fuese conduciendo tenso y la ruta se desarrolló sin que el agua estropease nada más allá del brillo de nuestras balas. Los más novatos sorprendían metiéndose en las curvas mojadas como si llevaran toda la vida sobre dos ruedas.






Sólo había que tener cuidado a la hora de pisar la pintura blanca, pero la abundante lluvia ya había limpiado la carretera y no había mas problemas de agarre de los normales. El paisaje mojado era digno de ver, tenía su encanto verlo desde una moto a través de las gotas de agua de la pantalla. Sigue siendo excitante ver a unos cuantos de moteros rodar en grupo, y verlo desde el retrovisor mojado lo ha sido aún más.

Sin problemas serios y a buena hora llegamos a nuestro primer destino. Calados paramos en Cala, donde no nos esperaban en el mesón de Curro pero donde nos acogieron de maravilla. La lluvia en este caso ayudó a que el local estuviese vacío cuando nosotros llegamos. Nos despojamos de nuestros trajes de agua y alguno de los que llegaron más mojados tienen que escurrir y poner a secar alguna ropa.







La prueba del delito.

Descalzo se quedó.

Ropa a la brasa.
Y Chapi a la brasa.

Sería largo de contar aquí todo lo que se disfrutó allí, pero empezamos con algunas de las viandas que nos trajeron nuestros amigos de Castellón; empanadas, escalivada, patatas... y seguimos con las carne a la brasa, las pruebas de chorizo con patatas y huevos fritos, las jarras de clarete y tinto, las mousse de fresa, etc, etc... todo para chuparse los dedos.

Diego se daba golpes en la cabeza para comprobar que era cierto lo que veía: Aceitunas color verde Royal Enfield.




Diego ya no sabía si el olor era de la empanada, del vapor de sus pies o del sobaco de Bruno.





Y mientras, en el exterior, no deja de llover y nuestras motos siguen aguantando el chaparrón. Sin prisas recuperamos temperatura, color, y niveles relativamente normales de humedad y después de agradecer las atenciones recibidas nos volvemos a poner las armaduras y continuamos camino sobre nuestras chorreantes monturas siempre bajo el agua.



Y rumbo a Zufre, pero sin "zufrir" nada en absoluto. Preciosas vistas y perfectas carreteras. Colapsamos la pequeña plaza del pueblo donde a la hora de la misa no cabía un alfiler. Una parada corta pero interesante.






La confianza crece y cada vez que la lluvia aprieta a algunos nos da el subidón y le vamos cogiendo el gusto a eso de rodar bajo el agua. En estos últimos kilómetros de la ruta reparo en que no nos hemos cruzado con ni una sola moto en todo el camino.

Una última parada en la gasolinera para que algunos reposten y aprovechamos para más fotos.




Reluciente sonrisa de satisfacción.

Y nos damos prisa, que alguien nos espera en Sevilla. Seguimos en Al Andalus Chopper con una merienda fantástica, de nuevo por cortesía de los castellonenses. Y tras un breve descanso de algunos y la visita a un recién nacido de otros nos vemos de nuevo para una cena ligera e irnos pronto a la ya deseada cama.





Y el domingo más, pero esta vez en una mañana sin lluvia. Los madrileños deciden volverse a casa por cuestiones personales y el resto, junto a un par de "harrys darlinsons" que se unen al grupo de los que incluso el día antes no rodaron nos vamos a las ruinas de Itálica, cuna de emperadores. Una visita corta para no cansar mucho.



Mientras unos veían las ruinas otros veíamos las carreras.

Esta foto colgaba de las paredes del local recordando cómo era antaño y cómo eran sus visitantes.

Y después al centro de Sevilla para irnos de tapeo. Lo que no sabíamos algunos es lo complicado que resulta ir en grupo por la ciudad, toda una aventura. Pero eso se nos olvidaría rápidamente al comenzar con la Cruzcampo y la visión de la primavera andaluza.

Dos lugares que todo el mundo conoce en Sevilla: El Tremendo, y El Rinconcillo. Los asistentes pueden dar fe de que su fama es de justicia. La mañana estaba siendo perfecta de nuevo. Un rato en el que disfrutamos de lo lindo de las maravillas de la gastronomía local. Esas pavías de bacalao son irrepetibles.









A Mígue le gustan básicamente dos cosas: Una no son precisamente las motos y otra es, como aquí se demuestra, el gazpacho.

Se empieza con un tonteo...

Y se acaba en idilio.




Y de nuevo bajo el agua volvemos a nuestras respectivas bases para cambiarnos y volver a vernos en el Club Pasión Habanos. Cafés, copas y puros habanos. Aquí se nos sumaron algunos de los que trabajan los fines de semana y nos relajamos entre tranquilas conversaciones. Un buen momento para alguna condecoración y diplomas de asistencia.














La cava del club Pasión Habanos en Sevilla.


Entrega de la insignia al piloto-enfermero revelación del primer encuentro.

La insignia.

Y aquí con el primer Diploma entregado del 2º Encuentro.

Y después a la cena con los irreductibles. Mi despedida viene aquí porque a penas me quedaban cuatro horas de sueño antes de trabajar al día siguiente.

Ya el lunes viajan los últimos asistentes que se hacen las fotos de los preparativos del viaje.




No sé qué decir que no suene a repetido, pero es que como siempre es un placer compartir estos buenos momentos con gente con la que merecen ser compartidos. Creo que los que le echaron valor y ganas no se han vuelto a casa arrepentidos.

Si os habéis dado cuenta el título de esta crónica tiene un número de versión: 2.0. Y esto no es casual, lo que ocurre es que nos quedamos con ganas de más y con la espinita de no poder disfrutar de la ruta prevista por culpa de la lluvia, por lo que ya se levantan algunas voces reclamando la versión 2.1 para el Corpus en la que con más suerte podamos resarcirnos. Ahí queda eso.

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