viernes, 25 de enero de 2008

Mil gotas.

Mil pequeñas gotas de rocío no llaman la atención de casi ninguna de las millones de personas que cada mañana vamos corriendo como locas al encuentro de nuestras rutinas diarias pensando en vete tú a saber qué millones de penas o alegrías.

Mil gotas de rocío pueden no parecer muchas si tenemos en cuenta todas las que caben en una sola hoja. Pero yo estoy contento porque desde hoy ya son más de mil las gotas que alimentan a esta planta que sigue creciendo cada día un poco más. Gotas pasajeras, recurrentes, imprescindibles, pequeñas, enormes, curiosas, perdidas, cercanas, extrañas, amigas, gotas, gotas, gotas...

Gracias por vuestras mil visitas...

martes, 22 de enero de 2008

Asesino Israel...

Tengo la repugnante sensación de que el estado de Israel está disfrutando como un psicópata asesino nazi aplastando al pueblo palestino. Se ve que no es que olvidaran el holocausto, sino que se quedaron muy bien con la copla y aprendieron al detalle cómo tenía que ser un buen campo de concentración, porque ahora han convertido a toda Palestina, ensañándose estos días con especial esmero en Gaza, en el mayor campo de concentración que jamás haya existido.

No me importa en absoluto la historia anterior, ni las religiones, ni el terrorismo, ni las excusas que puedan poner unos u otros; lo que hoy sabe todo el mundo es que Israel está asesinando a población civil sin reparar en ninguna cuestión humanitaria. Nada, absolutamente nada, justifica la matanza a sangre fría no sólo de terroristas, sino de niños que juegan en la puerta de su casa o de ancianos para los que ya no hay medicamentos. La gente no puede ir al trabajo, al médico, al colegio, a comprar comida, encender la luz o simplemente dar un paseo. Sencillamente: Israel no les permite vivir.

¿Os imagináis a Zapatero lanzando misiles contra las instituciones Vascas gobernadas por ANV, cerrando las fronteras de esas ciudades, y bloqueándoles el paso de los suministros esenciales para luchar contra el terrorismo de ETA? Pues eso es lo que dice Israel que está haciendo contra Hamás; y se queda tan pancho, y el resto del mundo se lo permite.

Hoy yo soy Palestino y salgo a la calle a coger estas piedras manchadas de la sangre de los treintaicinco niños heridos el viernes pasado por misiles israelíes y os las tiro a la cara, Israel, a vuestros gobernadores y a los que les votáis, aunque no pasen del fuselaje de vuestros tanques, vuestros vehículos blindados, o vuestras grandes y limpias pantallas de televisión, porque la comunidad internacional no deja más opción, porque me duele que alguien asesine impunemente a gente culpable únicamente de nacer y vivir en un lugar llamado Palestina, porque nadie mueve un dedo para condenar clara y firmemente al estado de Israel por este genocidio que dura ya demasiado tiempo. Y porque como humano que soy, me indigna, me repugna, me saca de quicio y me encoleriza tanto sinsentido.

Por desgracia esto es sólo una piedra, pero quizás rompa algún cristal de algún blindado y haga un poco de ruido.

domingo, 6 de enero de 2008

¿Dónde están los niños?

Esta mañana pretendía levantarme temprano cuando me despertaran los cohetes que seguro iban a sonar para avisar a los niños del barrio de que los Reyes Magos ya se volvían a sus casas tras dejarles los regalos. Para mi sorpresa no me despertó ningún cohete, ni ninguna banda de música, ni siquiera, y eso es lo que más me extrañó, ningún grito de ningún niño jugando en la calle con sus juguetes nuevos.

El caso es que me levanté y comprobé que era un día algo gris, y que las calles estaban desiertas. Eran casi las nueve y media de la mañana. Yo, como ahora vivo solo, y los reyes sólo sabían la dirección de mis padres, que son magos pero no pueden estar en todo, pues no encontré ningún regalo en el salón. El caso es que me puse a desayunar en el mismo silencio con el que me levanté, ya un poco preocupado con eso de no escuchar a nadie por ninguna parte. Mientras tanto vi en las noticias el resumen de la llegada de sus majestades a las distintas ciudades, que a pesar de algún que otro contratiempo con la iluminación navideña, se desarrolló sin mayores problemas. Cuando terminé el desayuno volví a asomarme por la ventana y la calle seguía tan vacía como antes, igual de silenciosa.

Después de jugar con un viejo coche teledirigido que recogí ayer de mi habitación en casa de mi madre, me dispuse a limpiar un poco la casa, que estaba hecha un asco después de tantos días vagueando. Fregué, hice alguna chapuza en la cocina, preparé el terreno para limpiar y, cuando salí a la terraza a coger los avíos para la limpieza, ya a más de las once de la mañana, volví a observar desde mi quinto piso cómo todo seguía en la misma inquietante y extraña calma.

Cuando yo era pequeño, el día de reyes, me despertaba a primerísima hora o, si no, los cohetes y las bandas de música se encargaban de que fuese corriendo, siempre con algún que otro remoloneo y disimulo, a ver si los Reyes habían entendido bien todo lo que ponía en mi carta. El salón se llenaba entonces de papales de regalo roto, y a los cinco minutos ya estaba deseando salir corriendo a la calle con la equipación de fútbol de Arconada, el balón de reglamento, el coche dirigido amarillo de policía (con cable por aquellos tiempos), la bici, los geyperman en su helicoptero, los madelman, los airgamboys, los clicks, o lo que tocara ese año con lo que se pudiese cargar hasta el parque para enseñárselo a los amigos y jugar con ellos.

Fue entonces, mientras empezaba a barrer, cuando una terrorífica duda asaltó mi cabeza: ¿Qué ha pasado con los niños? ¿Por qué no salen a jugar? ¿Qué ha podido ocurrirles? Con tanto impostor disfrazado de rey mago... ¿no habrá aprovechado alguna banda para secuestrarlos? O peor aún... ¿No serán los reyes Magos unos secuestradores que se han llevado todos estos siglos planeando este gran golpe?

Sin perder un segundo fui a poner la tele a ver si las noticias decían algo al respecto. Lo primero que apareció fue el sorteo de la lotería del niño, y como esto es importante comprobé que seguía siendo pobre. Como decía, sin perder un segundo, tras ver la lotería, cambié de canal para ver las noticias y, entre celebración y celebración por el gordo, en algunos canales informaban de las incidencias en las cabalgatas y de cómo la mayoría de los regalos que habían hecho los Reyes este año eran videoconsolas de ultimísima generación y cosas por el estilo, pero no decían nada del posible secuestro de miles y miles de niños. Volví a la terraza... y nada de nada, ni un alma, y eso que los charcos del campo de futbito eran muy pequeños. Seguí limpiando preocupado y con la tele puesta. Cuando terminé de limpiar miré en internet y tampoco había noticias. Y por fin, a eso de la una y media del mediodía empecé a escuchar lo que parecía una niña pequeña gritando en la calle. Corrí a la terraza, y efectivamente, una niña llamaba a su mamá para que viese lo bien que llevaba el cochecito con su muñeco mientras su hermano corria detrás de un espléndido bólido teledirigido (sin cables) entre los jardines de mi barrio. Poco a poco fueron saliendo más, pocos, muy pocos, eso sí. Pero esto me tranquilizó y me hizo pensar que igual yo no recordaba bien mi infancia...

Más relajado, y con la tarea hecha, vi que los Reyes me dejaron un regalito a través de internet y, sin salir a la calle, decidí compartirlo con vosotros. ¿Os acordáis de los payasos de la tele?: