viernes, 7 de noviembre de 2008

Manda güevos.

Hace un par de días leí una noticia que vuelve a ponerme un tanto nervioso. Y en esta ocasión no es por el contenido de la noticia, sino por el tratamiento que se le da. En un principio pienso que es cosa del diario en el que la leo, o del periodista o del redactor que la firma, cuyo nombre por cierto no aparece. El caso es que cuando me decido a escribir sobre el asunto veo que la fuente es Europa Press, y que aquel diario en el que en un principio la leí sólo reproduce, textualmente, los primeros párrafos de la información, excluyendo el resto que interpreto que considera de menor importancia. Esto mismo ocurre en al menos otros cuatro medios locales, cosa que me cabrea mucho más y que no me incita a pensar precisamente bien de la profesión de periodista.

Pero vayamos por partes. La noticia en cuestión, que reproduzco aquí en su totalidad y que os recuerdo que no se publica entera en ninguno de los diarios (de ningún color) en los que la he leído, es la que sigue:

Sevilla.- Tribunales.- Un total de 343 hombres fueron condenados el año pasado por delitos de violencia machista.
SEVILLA, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

Un total de 343 hombres fueron condenados en Sevilla el pasado año 2007 por delitos de violencia sobre la mujer, al mismo tiempo que se dictaron otras 137 sentencias condenatorias por violencia doméstica no de género, es decir, de padres a hijos o de mujeres a hombres.

Fuentes judiciales informaron a Europa Press de que en el caso concreto de los condenados --343-- por violencia sobre la mujer un total de 168 individuos fueron condenados tras la celebración del pertinente juicio, mientras que otros 175 varones obtuvieron sentencias de conformidad.

En 2007 se celebraron un total de 665 juicios rápidos y se incoaron 7.847 expedientes entre diligencias previas y procedimientos abreviados, así como nueve sumarios, explicaron las mismas fuentes, que añadieron en cuanto a la relación entre la víctima y el agresor que de las denuncias registradas se desprende que 2.215 de los episodios de violencia de género eran de cónyuges, 1.309 ex cónyuges, 2.889 eran parejas de hecho, 1.365 ex parejas de hecho y, finalmente, 173 mantenían relación de noviazgo.

Las estadísticas ponen de manifiesto que las cifras relativas a los mismos delitos en el año anterior, cuando 71 hombres fueron condenados, son inferiores precisamente porque los juzgados específicos de Violencia sobre la Mujer, cuyo objetivo no es otro que el de agilizar los procesos relacionados con el maltrato de la mujer, llevaban poco tiempo en funcionamiento en el año 2006.

En lo relativo a la violencia no de género --temas que se llevan en el juzgado al que le toque por turno-- el año pasado se celebraron 140 juicios rápidos y otros dos juicios por el Tribunal del Jurado. Asimismo, se incoaron 1.448 expedientes entre diligencias previas y procedimientos abreviados, así como cuatro sumarios. En este sentido, los jueces dictaron 68 sentencias condenatorias y 69 por conformidad --137 en total--. En comparación con el año anterior, en 2006 fueron condenadas 350 personas por delitos de violencia doméstica no de género.

JUZGADOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA

Los juzgados de Violencia sobre la Mujer de Sevilla, al igual que Madrid y Barcelona, tenían previsto iniciar a partir de mañana un servicio de guardia para agilizar el servicio, si bien el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha pospuesto hasta el 1 de enero de 2009 el citado servicio de guardia.

El Pleno del CGPJ aprobó el 17 de julio establecer un servicio de guardia en los partidos judiciales con más de cuatro Juzgados de Violencia Doméstica, ante "la necesidad de actuar fuera del horario de audiencia" cuando es necesaria una "urgente intervención judicial" para celebrar juicios rápidos de faltas y decretar medidas cautelares como las órdenes de alejamiento.

El máximo órgano de gobierno de los jueces fijó como fecha de entrada en funcionamiento del nuevo servicio el 1 de noviembre, dando así un plazo de tres meses para la adaptación. Sin embargo, el Pleno pospuso el miércoles la entrada en vigor del nuevo servicio a petición de la Comisión de Modernización e Informática Judicial del CGPJ. De esta forma, el Ministerio de Justicia podrá llevar a cabo las mejoras organizativas que garanticen una adecuada coordinación entre los juzgados afectados, la Fiscalía General del Estado, la Policía Judicial y las comunidades autónomas implicadas.


Quien ya me conozca un poco sabrá por dónde voy. A los que no me conozcan tanto les explicaré que me alegra mucho que se haya condenado a tanto energúmeno maltratador, pero me toca la moral, por no decir otra cosa, que el maltrato de mujeres contra hombres no se considere, no ya violencia feminista, sino ni tan siquiera violencia de género. O sea, que el hecho de que cualquiera de vosotras le dé de hostias a un hombre no es delito, es una falta englobada en lo que se llama "violencia doméstica no de género". Lo que sí me gustaría saber ahora es si esto es una consideración de un periodista o lo es de la justicia.

El caso es que cuando sigo leyendo en Europa Press la parte de la noticia que no publican los demás comienzo a ver la luz. Y es que claro, no es que el periodista sea torpe, es que no hay juzgados de violencia de género, sino juzgados específicos de violencia contra la mujer. Y no voy a ser yo quien reivindique los juzgados específicos de violencia contra el hombre, pero no sería descabellado que los juzgados fuesen de violencia de género y también tratasen los casos de violencia de mujeres contra hombres, ¿verdad? ¿O estoy diciendo una estupidez?

Alguien me planteaba que si, en el caso de Sevilla, los juicios rápidos en este sentido fueron a 665 acusados y los condenados fueron 343, ¿qué ocurre con los otros 322 acusados? Pues no hace falta ser muy listos para darse cuenta de que fueron absueltos. Y la noticia no nos dice porqué fueron absueltos, pero cualquier femichista que se precie tendría clarísimo que es porque, en estos 322 casos y no en los otros 343 condenatorios, la justicia y el sistema en general son inequívocamente machistas y no funcionan. Pero también cabe la posibilidad de que los hechos no quedasen suficientemente probados o que las denuncias fueran falsas. En cualquier caso me preocupa tanto la posibilidad de que anden sueltos por la mi ciudad 322 posibles maltratadores según las femichistas, como que anden sueltas 322 posibles falsas denunciantes según yo mismo, y suponiendo que ni las femichistas ni yo tengamos toda la razón, en la calle habrá unos cuantos maltratadores y unas cuantas falsas denunciantes, además, claro está y no nos olvidemos de ello, de: Unas cuantas mujeres víctimas de violencia de género destrozadas y asustadas; unos cuantos hombres víctimas de falsas denuncias destrozados, asustados y estigmatizados; unos cuantos hombres que denunciaron el maltrato por parte de mujeres en juzgados ordinarios y estarán también destrozados y amargados sin saber cuándo serán atendidos sus casos; unos cuantos hombres y mujeres (con los hombres por delante para que las femichistas no me llamen machista) más destrozados y asustados todavía que no se atrevieron a denunciar; y unos cuantos hombres destrozados y despreciados que vieron cómo a sus maltratadoras las acusaron y condenaron por "violencia doméstica no de género".

Insisto en que la violencia es violencia sin apellidos y que empezando por uno mismo debemos hacer todo lo posible por minimizarla le pongan el adjetivo que quieran ponerle los colectivos cazadores de notoriedad.

sábado, 11 de octubre de 2008

El rayo verde y la tejedora de fantasías.


El rayo verde dibujaba teteras donde antes había centauros mientras la bruja buena echada en la hierba tejía fantasías bajo la luna.

viernes, 10 de octubre de 2008

Tiempo.

No brillan las

agujas

sobre este

oscuro blanco

desde que

tiempo

dejó de contar.


A mi padre.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Minusvalía emocional o coleccionismo de fracasos.


De minusválidos emocionales o coleccionistas de fracasos, como los (nos) llama una querida amiga mía. Y es que cuando más se echa de menos una adecuada adaptación emocional es precisamente cuando llega tarde para salvarte de otro estrepitoso fracaso.

Es triste enfrentarse a un nuevo fracaso (emocional siempre y sentimental en el caso que nos ocupa), y entender que la responsabilidad (la mal llamada culpa) es sólo de uno mismo. Aceptarlo es duro. Empatizar con el sufrimiento del otro es más duro aún cuando sabes que su dolor es efecto de tu ineptitud emocional. Quizás la minusvalía emocional consista en, identificando, entendiendo, controlando las emociones, no actuar para el beneficio común, no exteriorizar el sufrimiento propio y dar la oportunidad al otro de que sea él quien pueda elegir si quiere o no sufrir según le convenga o compense, que materializado el fracaso no se sienta engañado, estafado, utilizado, violado, fracasado también en definitiva. Llegar al sentimiento de fracaso puede no ser más que una consecuencia de esta minusvalía, cuando de haber actuado de una forma emocionalmente inteligente (que a mí eso de la inteligencia emocional ya me suena a un invento sujeto a las modas como otro cualquiera) se hubiese elaborado el desamor como una consecuencia natural del propio desarrollo emocional. Pero… ¿Más vale tarde que nunca? ¿Entender todo esto es un punto de partida para paliar las devastadoras consecuencias de una negación absoluta de cualquier sentimiento doloroso? ¿Se puede "curar" el daño causado por el miedo al dolor cuando lo que ha ocasionado es precisamente el dolor que tanto temíamos? Y por otro lado: ¿Quién dicta lo que es emocionalmente inteligente?

Es sorprendente que la experiencia no nos sirva para adelantarnos de una forma sana y previsora a las posibles futuras adversidades y por el contrario nos sirva para negarnos los beneficios que puede suponernos una experiencia futura si con ello evitamos el posible sufrimiento, sin darnos cuenta, claro, del error que esto supone.

Mi cuerpo, mis sentidos, mi cerebro, han aprendido qué situaciones son propicias para un posterior sufrimiento. Mis entrañas me alertan ante una situación que en principio deseaba. Al fin y al cabo yo no conozco mis emociones si no es a través de mi cuerpo. Mi cuerpo actúa de forma automática ante cada nueva situación según ha aprendido con su experiencia anterior. Inconscientemente, y desde el mismo instante en que me enfrento a algo nuevo, mi cuerpo entra en estado de alerta y me hace sentir determinada emoción, antes de que ni siquiera me haya dado tiempo a analizarla y elaborarla racionalmente. Nuestros cerebros cambian con cada nueva situación emocionalmente significativa haciendo que las conexiones sinápticas entre nuestras neuronas se refuercen, cambien, se debiliten o desaparezcan. Aquel fracaso se quedó grabado en mí, y no es una forma de hablar. Cada uno de los anteriores fracasos lo hizo físicamente. ¿Entonces por qué sigo equivocándome? Éste es el sino del coleccionista de fracasos. ¿Por qué? Si preguntas a cualquiera si es uno de estos coleccionistas probablemente te dirá que sí, que para eso somos humanos y nos gusta tropezar una y otra vez con esa y no otra piedra.

Hay alguna teoría por ahí que dice que cuando intentamos no repetir un fracaso focalizamos toda nuestra atención en la dinámica del fracaso mismo, con lo que aprendemos a fracasar mejor aún, reforzando el patrón de conducta que nos lleva al fracaso. Yo comienzo a pensar que llega un momento en el que aprendemos a disfrutar de los fracasos, y que en cierto modo llegamos a buscarlos para disfrutar de ese estado de melancolía al que nos hemos acostumbrado, en el que nos sentimos seguros porque es un lugar conocido en el que ya hemos aprendido a desenvolvernos.

Visto lo visto y teniendo muy claro que las emociones no son más que unas herramientas con la que nacemos, como miembros de una especie, para adaptarnos al medio en el que vivimos, que funcionan de forma automática, aunque después se hagan conscientes, pero que sentiremos del mismo modo las racionalicemos o no, quizás lo mejor sea no pensar demasiado. Cada día estoy más convencido que el mayor error de la evolución humana, el mayor fracaso, puede ser precisamente el que consideramos el mayor éxito: Tenemos un cerebro demasiado desarrollado, y éste es el que nos está perdiendo como especie y como individuos.

Entre razonar o actuar según mis instintos al enfrentarme al futuro yo me decanto por dejar de darle tantas vueltas al coco (y digo tantas porque alguna habrá que darle) y hacer lo que deseo y me apetece. Me decanto por sentir más y pensar menos. Es posible que no me vaya bien, o todo lo contrario, pero dado que hasta el día de hoy mi cerebro no ha ayudado mucho, prefiero seguir los dictados de las entrañas que tengo por debajo del cuello. Y sobre todo los de mi aparato digestivo. Pero ese es ya otro tema, un tanto delicado, sobre el que quizás un día, con menos luces, escribamos algo.

Aunque bien pensado... ¿No es todo esto pura y simple reflexión? Joder, qué despropósito, qué fracaso. Ya me he emocionado ¿Ves? Imposible descabezarse (descorporarse).

lunes, 11 de agosto de 2008

Un segundo.

El agua empujó la espuma y la lanzó al vacío desde mi pecho. La vi caer desde el borde de mis párpados a cámara súper lenta, como esas cámaras que usan para mostrarnos la sangre salpicando en el traje de luces cuando el estoque atraviesa al toro, como esas que usan para que no nos perdamos las gotas de sudor saltando del rostro trémulo del futbolista al césped al rematar de cabeza el balón. Sentí una familiar sensación de vértigo. La deforme bola de espuma iba describiendo un leve giro hacia adelante mientras se precipitaba lentamente hasta estrellarse contra la fina capa de agua que cubría el fondo de la bañera. Se extendió sobre la superficie deslizándose con la corriente. Y se fue por el sumidero.

domingo, 10 de agosto de 2008

Ciega, pero justicia. Confianza, pero no ciega.

¿Justicia? Ciega, pero justicia. A medias, pero justicia. Lenta como siempre, pero justicia.

Fui por el camino de los honestos... Y no perdí. Hoy puedo decir que de nuevo he recuperado mi escasa confianza en nuestro sistema judicial. No es perfecto, es difícil que ningún sistema lo sea, pero hoy sigo confiando en él. Los miserables, por esta vez, no se han llevado el gato al agua.

Ninguna prueba irrefutable, ningún testigo, pocas esperanzas, y sobre todo la determinación de no permitir que un cromagnon se saliese con la suya. Con esto bastó para que, si no se impusiera la verdad, al menos sí la duda razonable.

A pesar de que los procesos de razonamiento debían ser algo distintos en los tiempos de las cavernas la justicia es tan ciega para el cromagnon como para el resto de los homo sapiens, y a los dos se les respeta la presunción de inocencia.

No necesité testigos falsos ni mentiras perfectamente hiladas. No estoy satisfecho porque he perdido mucho dinero, pero mi conciencia está absolutamente tranquila. Probablemente, si me hubiese comportado como el embustero que estuve tentado de ser, hoy tendría una cuenta bancaria mucho más abultada, y no sería injusto, pero sí deshonesto. ¿Cómo me sentiría entonces? ¿No estaría igual de tranquilo? ¿Sería más feliz? ¿He sido tonto?

El hombre de cromagnon se fue de rositas porque no hay pruebas de su ineptitud y sólo la pagó a medias. Para mí, por tanto, sólo se hizo justicia a medias.

No he conseguido lo que me hubiese gustado, pero sí lo que razonable y honestamente se podía conseguir.

La honestidad sigue siendo un valor vigente y reconocido... Por el momento.

martes, 20 de mayo de 2008

Tocan a muerto.

Las campanas tocan a muerto. Las nubes pasan despacio bajo el cielo azul de las once de la mañana. El viejo reloj, parado, observa desde la torre de la colegiata. Me asalta un recuerdo inventado de mi padre a sus cinco años correteando por la plaza en un domingo de fiesta. O me recuerdo a mí mismo. Y pienso en lo extraordinario del error que es la vida. Lo natural es no estar. Nos pasamos media eternidad sin existir, y muertos la otra mitad. Y en medio la anécdota de una vida casual. Siempre, claro, que alguien nos piense inexistentes, vivos, o muertos. Nos entristece la pérdida de anecdóticos seres amados, pero lo único que hacen, y que nosotros, anecdóticos, también haremos, es volver al estado natural del que partimos. Deberíamos entonces alegrarnos de haber coincidido en este momento de la eternidad con esas otras anécdotas que nos han hecho sentir relevantes aquí y ahora, y disfrutar de este instante regalado de existencia.

Las campanas, como un despertador inoportuno, nos abren los ojos. La vida no tiene sentido ni explicación, la muerte sí. Darnos cuenta de tal simplicidad es la causa real de nuestra tristeza. No estamos tristes por quien se va, estamos tristes porque nos quedamos sin una de las pruebas de que la vida sea un hecho trascendente más allá de nosotros mismos.

Esta noche sal a la calle, al balcón, a la azotea, siéntate, respira hondo, relájate, y mira al cielo.

miércoles, 14 de mayo de 2008

No somos iguales.


Queda confirmado. Las mujeres no son iguales que los hombres. El Tribunal Constitucional ha mandado hoy a tomar por culo el artículo 14 de la Constitución Española avalando un mayor castigo penal para los hombres que para las mujeres por un mismo hecho y, por tanto, ya no todos los españoles somos iguales ante la ley; a los hombres se nos discrimina abiertamente por razón de sexo.

viernes, 2 de mayo de 2008

Camino verde.

Siete menos cuarto de la mañana. Play. De la cama naranja al duro asfalto gris. Obertura a ritmo de pedaleo tranquilo pero alegre. Un pequeño rodeo. Me gusta pasar por delante de la terraza de mamá. Recorro el viejo paseo en el que de niño las bicis eran naves de Galáctica. Sorteo el primer atasco. La dulce voz de Las Flores Azules blanquea el negro rugir del autobús rojo. Delafé canta mi viaje hacia la rutina como si estuviese sentado en la barra. Los latidos de Facto animan los pedales. Poesía de lo cotidiano. Relleno por unos segundos cada vacío que me encuentro entre las peceras con ruedas de las que hoy reniego. Peceras con un sólo pez detrás del cristal. Luces rojas, blancas, amarillas, verdes... Y el sol. De frente. Tata Inti nos saluda. Y por fin el camino verde rumbo este. Éste que soy yo. Frío por fuera. Sudando por dentro. Un oasis intenta volar en el barrio de los ricos. El coche celeste de mi vieja amiga aparcado donde siempre. Lo cruzo sin pena y con gloria. Estoy contento y voy tranquilo, no tengo prisa. Debajo del puente se estanca la polución irrespirable que no me queda más remedio que respirar. Entre jardines me alejo de la ruidosa cinta transportadora de almas calladas. Inclino la cabeza bajo las caricias de los árboles. Amanece brillante un avión desde la dos-siete hasta las nubes, junto al sol que hoy no derretirá sus alas, ¿a Barcelona? Poquito a poco... Sonrío. Pero alguien mira. El tipo del maletín observa extrañado, y sonrío más, perderá el tren. De repente la rosa de Ofelia perfuma mis recuerdos. Y ella, con nombre falso, también sonríe. Se estira tocando una ilusión... que ya está llegando. Y su sonrisa contagia mis ruedas. Y zigzagueo entre las líneas blancas, sin tocarlas. Y me pregunta si me gustaría ser papá. Y juego. Y sonrío más. Y canto. Me aparto para la chica que siempre va contramano. Pasa. La niña mira a su mamá desde la puerta de la guarde. Hoy todos respetan el paso de bicicletas. Para mirar mis dientes al pasar, quizás. Yo paro aquí. El camino verde sigue, pero yo paro aquí.

martes, 15 de abril de 2008

¿Igualdad?


Voy a empezar por recordaros hoy un par de artículos de la Constitución Española de 1978:
Artículo 9.2. Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.
Artículo 14. Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Está claro, ¿no? Pues ocurre que esta mañana me levanto y leo una noticia sobre un tema que me inquieta y que, para mí, es consecuencia de un desliz tanto de nuestro actual gobierno como, en algún caso, del anterior del PP. Al parecer, según publica hoy El País, el Tribunal Constitucional avalará el mayor castigo penal a los hombres. Yo debo estar volviéndome tonto pero esto, a mí, no me suena precisamente a igualdad, ¿no os parece?
Resulta que hay interpuestas 180 cuestiones de inconstitucionalidad a la redacción de la ley integral contra la violencia de género. La que hoy se vota es la primera de todas ellas y está interpuesta precisamente por una mujer; la Jueza de lo Penal nº 4 de Murcia, María Poza Cisneros, cosa que me alegra sobremanera (entiendo que la señora jueza sabe lo que significa la palabra "igualdad"). Veremos qué pasa.
Pues bien; como hoy no tenía mucho que hacer me he puesto a mirar el código penal. En el Título I sobre las faltas contra las personas del Libro III sobre las faltas y sus penas, el artículo 617.2 dice:
El que golpeare o maltratare de obra a otro sin causarle lesión será castigado con la pena de localización permanente de dos a seis días o multa de 10 a 30 días.
El artículo que hoy está en cuestión en el Tribunal Constitucional es el 153.1 del Título III sobre las lesiones del Libro II sobre los delitos y sus penas que dice textualmente lo que sigue:
El que por cualquier medio o procedimiento causare a otro menoscabo psíquico o una lesión no definidos como delito en este Código, o golpeare o maltratare de obra a otro sin causarle lesión, cuando la ofendida sea o haya sido esposa, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia, o persona especialmente vulnerable que conviva con el autor, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o de trabajos en beneficios de la comunidad de treinta y uno a ochenta días y, en todo caso, privación del derecho a la tenencia y porte de armas de un año y un día a tres años, así como, cuando el Juez o Tribunal lo estime adecuado al interés del menor o incapaz, inhabilitación para el ejercicio de la patria potestad, tutela, curatela, guarda o acogimiento hasta cinco años.
O sea: Que si mi pareja mujer me humilla, me machaca moralmente, o me da una hostia, sólo será una falta leve por la que como mucho será multada o tendrá que estar localizada de dos a seis días. Pero si yo le devuelvo este maltrato cometeré un delito, y podría llegar a entrar en prisión de seis meses a un año, además de, si el Juez lo estima oportuno, perder la patria potestad, tutela, curatela, guarda o acogimiento por hasta cinco años, cosa que en el caso de la mujer ni se plantea.
Pero hay más cuestiones. Exactamente estas mismas penas recogidas en el artículo 153.1 se aplican a las amenazas y coacciones según los artículos 171.4 y 172.2 como delitos contra la libertad, cuando generalmente las amenazas y coacciones se consideran faltas castigadas con multa de diez a veinte días según el artículo 620.
Otro artículo en tela de juicio es el 57.2 en su referencia al artículo 48 del código penal, referidos a las penas, en el que, aunque interpretable, yo no encuentro diferenciación entre sexos.
Tranquilos los hombres, no os indignéis, porque tenemos ya, por fin, un ministerio que velará por la igualdad entre mujeres y hombres. O al menos eso espero, y que este nuevo ministerio no sea, como ya he comprobado en alguna concejalía de algún ayuntamiento, una simple denominación para, en este caso, el soterrado Ministerio de la Mujer. Y espero que no sea así porque por lo poco que le he leído y escuchado, Dña. Bibiana Aido, aunque sólo hable de las discriminaciones y abusos que sufren las mujeres, lo hace desde el respeto y sin generalizar. Espero, repito, que este nuevo ministerio vele realmente por la igualdad.
Enlace: Código penal.

domingo, 16 de marzo de 2008

La última mañana.

Las disputas políticas y los reconocimientos internacionales no le servían para sentirse vivo. Todo ese prestigio que a lo largo de los años consiguió gracias a su trabajo, tanto sobre el papel como a los mandos de tantos aviones, le ayudarían a conseguir lo que su edad y su delicada salud le hacían cada vez más difícil. Necesitaba volar, necesitaba participar. A sus cuarenta y tres años trabajaba rodeado de jóvenes que no llegaban a los veinticinco. El grupo II/33 debía ser un hervidero de testosterona aquel verano de 1944. El briefing había terminado y los aviones estaban listos para despegar. Ésta sería la última misión tras otras ocho ese mismo año. Sus superiores ya lo habían decidido. Al día siguiente le informarían del inminente desembarco de las tropas aliadas al sur de Francia. La prohibición de volar a los pilotos en posesión de este secreto era una medida de seguridad en caso de que fuesen hechos prisioneros y, en este caso, la mejor baza para retirarle.

A primera hora de la mañana del treinta y uno de julio despegaba desde Córcega un Lockheed P-38 Lightning francés en misión de reconocimiento hacia las costas de la Provenza.

Es una máquina hermosa. Me hubiera sentido feliz de poder disponer de este regalo cuando tenía veinte años. Pero compruebo con melancolía que hoy, con cuarenta y tres años, con cerca de seis mil quinientas horas de vuelo en los cielos de todo el mundo, ya no consigo encontrar demasiado placer en ese juego. Ya sólo es un instrumento de transporte -aquí, de guerra-. Si, con una edad patriarcal para este oficio, me someto a la velocidad y a la altura, es mucho más por no rechazar ninguna de las miserias de mi generación que por la esperanza de volver a encontrar la satisfacción de otros tiempos. *

A esa misma hora desde Avignon se elevaba otro hombre a los mandos de un Messerschmitt Me-109 del ejercito alemán.

El tiempo pasa deprisa a los mandos de un caza P-38. Una misión más en una guerra más. El sol atraviesa la carlinga. El cielo de las mañanas de verano es poco consistente. La luz del mediterráneo lo inunda todo. El mar está en calma. La rutina de la misión se desarrolla casi automáticamente mientras se anima la charla, sobre las cosas realmente importantes, con ese hombrecillo de bufanda al viento que no puede evitar cambiar de conversación.

Los dos aviones coinciden en el mismo cielo. Un destello delator alerta al piloto alemán. La silueta del P-38 es inconfundible. La insignia es francesa. Dos hombres solos. El Messerschmitt sobrevuela al Lockheed.

Después de seguirlo me dije: chaval, si no te largas, te acribillo. Piqué en su dirección y disparé, no contra el fuselaje, sino contra las alas. Le dí. El zinc se rompió. Cayó derecho al agua. Se estrelló en el mar. Nadie saltó. No vi al piloto. **

A la una y media de la tarde el jefe de escuadrilla del II/33 asigna la misión del comandante Antoine a otro piloto.

En la tranquilidad de la base de Avignon el piloto Horst Rippert recibía la noticia.

Me enteré unos días después de que era Saint-Exupéry. He esperado, y espero todavía, que no fuera él. En nuestra juventud todos le habíamos leído, adorábamos sus libros. Sabía describir admirablemente el cielo, los pensamientos y los sentimientos de los pilotos. Su obra suscitó la vocación de muchos de entre nosotros. Amábamos al personaje. Si lo hubiera sabido no hubiera disparado. No sobre él. **

Quizás unos días después, a escondidas mientras derramaba alguna lágrima, alguien volvió a apretar con fuerza entre sus manos aquel libro que le llevaba por los cielos en las horas muertas de la base.

¿Qué pensaría aquel otro hombrecillo despeinado? ¿Qué preguntas haría al aviador durante la caída? Quizás el piloto tenia la respuesta más clara que nunca.

De nuevo he acariciado una verdad que no comprendo del todo. Me he visto perdido, he creído tocar fondo en mi desesperación y, una vez aceptada la renuncia, he conocido la paz. ***



* Antoine De Saint-Exupéry. Carta al General X. 1943.
** Diario La Provence. Ils ont retrouvé le pilote qui a abattu Saint-Exupéry. 15 de marzo de 2008.
*** Antoine De Saint-Exupéry. Tierra de los Hombres. 1939.

- ELPAÍS.COM. Un aviador alemán reconoce haber derribado el avión de Saint-Exupéry. 15 de marzo de 2008.

sábado, 2 de febrero de 2008

Habitación con vistas.

El pasaporte descansa viejo y cortado sobre el montón de caducados carnets de identidad, de vuelo, de biblioteca y de no sé cuántas estrictas instituciones pasadas. Los libros de la universidad duermen acumulando polvo mientras esperan alguna consulta que nunca llega y recuerdan a quien los mira más de uno y de dos desengaños forjados en las aulas y cafeterías de la Hispalense. Decenas de asignaturas, supuestamente no pendientes, recostadas unas sobre las otras.

Curiosamente, husmeando hoy entre legajos, después de tres mudanzas, y para mi regocijo particular, aparece el cuaderno de campo de aquellas prácticas que, fíjate tú por dónde, resultó no haberse perdido en el caótico despacho de Don Manuel. Con la de veces que se lo eché en cara y le puse verde por aquello. Entre bibliografías y notas de campo aparece una carta a Marta en la que analizaba la convulsa situación de su quebradiza Argentina, le hacía algún guiño, y le contaba sobre mi inexperta vida sentimental. Algunas líneas al margen me servían para recordar que tenía que escribir aquella otra carta anónima de agradecimiento a mi histriónico profesor de historia.

Por un momento poso mi vista sobre la fotocopia de un libro, sujetas sus hojas por un alambre negro en espiral, y recuerdo aquella noche de vino rosado, poesía de Pessoa y música de Preisner. Era una de aquellas noches casi perfectas de los largos días de retiro de estudios en la casa del Hada junto al mar. Y con mi letra de entonces, en la última página, podía leerse en una nota sobre papel amarillo auto-adhesivo: "La verdad es hija del tiempo".

viernes, 25 de enero de 2008

Mil gotas.

Mil pequeñas gotas de rocío no llaman la atención de casi ninguna de las millones de personas que cada mañana vamos corriendo como locas al encuentro de nuestras rutinas diarias pensando en vete tú a saber qué millones de penas o alegrías.

Mil gotas de rocío pueden no parecer muchas si tenemos en cuenta todas las que caben en una sola hoja. Pero yo estoy contento porque desde hoy ya son más de mil las gotas que alimentan a esta planta que sigue creciendo cada día un poco más. Gotas pasajeras, recurrentes, imprescindibles, pequeñas, enormes, curiosas, perdidas, cercanas, extrañas, amigas, gotas, gotas, gotas...

Gracias por vuestras mil visitas...

martes, 22 de enero de 2008

Asesino Israel...

Tengo la repugnante sensación de que el estado de Israel está disfrutando como un psicópata asesino nazi aplastando al pueblo palestino. Se ve que no es que olvidaran el holocausto, sino que se quedaron muy bien con la copla y aprendieron al detalle cómo tenía que ser un buen campo de concentración, porque ahora han convertido a toda Palestina, ensañándose estos días con especial esmero en Gaza, en el mayor campo de concentración que jamás haya existido.

No me importa en absoluto la historia anterior, ni las religiones, ni el terrorismo, ni las excusas que puedan poner unos u otros; lo que hoy sabe todo el mundo es que Israel está asesinando a población civil sin reparar en ninguna cuestión humanitaria. Nada, absolutamente nada, justifica la matanza a sangre fría no sólo de terroristas, sino de niños que juegan en la puerta de su casa o de ancianos para los que ya no hay medicamentos. La gente no puede ir al trabajo, al médico, al colegio, a comprar comida, encender la luz o simplemente dar un paseo. Sencillamente: Israel no les permite vivir.

¿Os imagináis a Zapatero lanzando misiles contra las instituciones Vascas gobernadas por ANV, cerrando las fronteras de esas ciudades, y bloqueándoles el paso de los suministros esenciales para luchar contra el terrorismo de ETA? Pues eso es lo que dice Israel que está haciendo contra Hamás; y se queda tan pancho, y el resto del mundo se lo permite.

Hoy yo soy Palestino y salgo a la calle a coger estas piedras manchadas de la sangre de los treintaicinco niños heridos el viernes pasado por misiles israelíes y os las tiro a la cara, Israel, a vuestros gobernadores y a los que les votáis, aunque no pasen del fuselaje de vuestros tanques, vuestros vehículos blindados, o vuestras grandes y limpias pantallas de televisión, porque la comunidad internacional no deja más opción, porque me duele que alguien asesine impunemente a gente culpable únicamente de nacer y vivir en un lugar llamado Palestina, porque nadie mueve un dedo para condenar clara y firmemente al estado de Israel por este genocidio que dura ya demasiado tiempo. Y porque como humano que soy, me indigna, me repugna, me saca de quicio y me encoleriza tanto sinsentido.

Por desgracia esto es sólo una piedra, pero quizás rompa algún cristal de algún blindado y haga un poco de ruido.

domingo, 6 de enero de 2008

¿Dónde están los niños?

Esta mañana pretendía levantarme temprano cuando me despertaran los cohetes que seguro iban a sonar para avisar a los niños del barrio de que los Reyes Magos ya se volvían a sus casas tras dejarles los regalos. Para mi sorpresa no me despertó ningún cohete, ni ninguna banda de música, ni siquiera, y eso es lo que más me extrañó, ningún grito de ningún niño jugando en la calle con sus juguetes nuevos.

El caso es que me levanté y comprobé que era un día algo gris, y que las calles estaban desiertas. Eran casi las nueve y media de la mañana. Yo, como ahora vivo solo, y los reyes sólo sabían la dirección de mis padres, que son magos pero no pueden estar en todo, pues no encontré ningún regalo en el salón. El caso es que me puse a desayunar en el mismo silencio con el que me levanté, ya un poco preocupado con eso de no escuchar a nadie por ninguna parte. Mientras tanto vi en las noticias el resumen de la llegada de sus majestades a las distintas ciudades, que a pesar de algún que otro contratiempo con la iluminación navideña, se desarrolló sin mayores problemas. Cuando terminé el desayuno volví a asomarme por la ventana y la calle seguía tan vacía como antes, igual de silenciosa.

Después de jugar con un viejo coche teledirigido que recogí ayer de mi habitación en casa de mi madre, me dispuse a limpiar un poco la casa, que estaba hecha un asco después de tantos días vagueando. Fregué, hice alguna chapuza en la cocina, preparé el terreno para limpiar y, cuando salí a la terraza a coger los avíos para la limpieza, ya a más de las once de la mañana, volví a observar desde mi quinto piso cómo todo seguía en la misma inquietante y extraña calma.

Cuando yo era pequeño, el día de reyes, me despertaba a primerísima hora o, si no, los cohetes y las bandas de música se encargaban de que fuese corriendo, siempre con algún que otro remoloneo y disimulo, a ver si los Reyes habían entendido bien todo lo que ponía en mi carta. El salón se llenaba entonces de papales de regalo roto, y a los cinco minutos ya estaba deseando salir corriendo a la calle con la equipación de fútbol de Arconada, el balón de reglamento, el coche dirigido amarillo de policía (con cable por aquellos tiempos), la bici, los geyperman en su helicoptero, los madelman, los airgamboys, los clicks, o lo que tocara ese año con lo que se pudiese cargar hasta el parque para enseñárselo a los amigos y jugar con ellos.

Fue entonces, mientras empezaba a barrer, cuando una terrorífica duda asaltó mi cabeza: ¿Qué ha pasado con los niños? ¿Por qué no salen a jugar? ¿Qué ha podido ocurrirles? Con tanto impostor disfrazado de rey mago... ¿no habrá aprovechado alguna banda para secuestrarlos? O peor aún... ¿No serán los reyes Magos unos secuestradores que se han llevado todos estos siglos planeando este gran golpe?

Sin perder un segundo fui a poner la tele a ver si las noticias decían algo al respecto. Lo primero que apareció fue el sorteo de la lotería del niño, y como esto es importante comprobé que seguía siendo pobre. Como decía, sin perder un segundo, tras ver la lotería, cambié de canal para ver las noticias y, entre celebración y celebración por el gordo, en algunos canales informaban de las incidencias en las cabalgatas y de cómo la mayoría de los regalos que habían hecho los Reyes este año eran videoconsolas de ultimísima generación y cosas por el estilo, pero no decían nada del posible secuestro de miles y miles de niños. Volví a la terraza... y nada de nada, ni un alma, y eso que los charcos del campo de futbito eran muy pequeños. Seguí limpiando preocupado y con la tele puesta. Cuando terminé de limpiar miré en internet y tampoco había noticias. Y por fin, a eso de la una y media del mediodía empecé a escuchar lo que parecía una niña pequeña gritando en la calle. Corrí a la terraza, y efectivamente, una niña llamaba a su mamá para que viese lo bien que llevaba el cochecito con su muñeco mientras su hermano corria detrás de un espléndido bólido teledirigido (sin cables) entre los jardines de mi barrio. Poco a poco fueron saliendo más, pocos, muy pocos, eso sí. Pero esto me tranquilizó y me hizo pensar que igual yo no recordaba bien mi infancia...

Más relajado, y con la tarea hecha, vi que los Reyes me dejaron un regalito a través de internet y, sin salir a la calle, decidí compartirlo con vosotros. ¿Os acordáis de los payasos de la tele?: